martes, 6 de enero de 2009

Juegos de pelota....zapatera a tus zapatos

Lo mío no son, nunca han sido y sospecho que nunca serán los juegos de pelota. Ni jugarlos, ni verlos y ni siquiera estudiarlos: a pesar del entusiasmo de mi maestra por el juego ritual de pelota en Mesoamérica, no logro recordar casi nada de lo que nos dijo sobre el muy interesante tema (sólo registré que de verdad es muy significativo en su contexto, en términos cosmogónicos).
Pero gracias a las dotes narrativas de don José Luis, acabo de descubrir que sí puedo hablar, o más bien oir hablar de algunos de estos juegos por un largo rato ¡y disfrutarlo! Y es que, para mí, todo cambia en cuanto me empiezan a contar una buena historia. Una, por ejemplo, acerca del pasajero arraigo del beisbol en Tabasco. La generación de mi papá se apropió este deporte con verdadero delirio (¿cómo explicar, si no, que más de un tabasqueño haya pasado años soñando con ir a Nueva York, pero no de shopping, ni a ver la ciudad desde el aire, ni a cenar, ni a los teatros, ni a los museos....sino a ver un partido en el extinto Yankee Stadium?)
Tengo la impresión de que el gusto por el beisbol acompañará a la generación que creció en el Tabasco de los 40s, 50s y 60s por el resto de su vida. Pero ahí acabará. En mi generación, ese mismo delirio ya había cedido su lugar al nacional (y globalizado) futbol. Tanto mi fuente como yo suponemos que en Yucatán, Veracruz y Sinaloa sucedió algo parecido, pero no nos consta, así que esta historia remite sólo a Tabasco.
Como desde niña tanto el beisbol como el futbol me dejaban indiferente, tardé mucho en darme cuenta de que, mientras mis amigos jugaban fut, hablaban del América y del Cruz Azul (no recuerdo haber oído hablar de los Pumas en esa época) y contaban los meses que faltaban para el próximo mundial, mi papá seguía sin falta todas las temporadas de beisbol de Estados Unidos, memorizaba nombres de jugadores y equipos, sobre todo de los ganadores y finalistas (a los que aún puede referirse por año, sin errores), era especialista en el Salón de la Fama y, lo que más me sorprendía de todo: ¡era capaz de ver un partido completo! Tortura a la que nunca he aceptado unírmele. Para más señas...ni siquiera le entiendo al juego, a pesar de que ha tratado de explicármelo varias veces con tanta paciencia como emoción.
Para mi sorpresa, el tema de pronto me resulta de lo más interesante al pensar en las razones por las que un deporte sustituyó tan pronto al otro, en el ámbito local. Ya mutuamente contagiados de entusiasmo, mi papá y yo empezamos a especular (me encanta la raíz de esa palabra...etimológicamente quiere decir jugar con espejos, con reflejos de la realidad, más que con ella misma) y él supone que la construcción del Estadio Azteca marcó un parteaguas en la industria del deporte mexicano. México 70 no fue, por cierto, una inocente casualidad, como tampoco lo fue, cien años antes,
la oficialización del traje charro y la música de mariachi como "identificadores nacionales."
Lo que hoy sienten en cada partido los aficionados que viven la intensidad del futbol es completamente real. Pero no se podría explicar si no hubiera habido atrás una industria, en parte televisiva, que se encargó de construir, o al menos de hacer posible, esa realidad. Así como, papá reconoce, en Tabasco la anterior pasión beisbolera fue hija de la industria de la radio y de esa relación Cuba-Yucatán-Tabasco que tanto me interesa.
Si Fer lee algún día esto, puede objetar que su pasión por los Pumas se gestó en el Oaxaca de 1980 sin que el Estado ni los empresarios deportivos intervinieran. Yo misma recuerdo una loca experiencia en el Mundial de 1994, cuando vi junto con una amiga mexicana y otra argentina, pero italiana de corazón, el partido de México contra Italia. La alegría de Farida y mía cuando México metió el primer gol fue tan real como la de Gaby cuando sus adorados italianos contraatacaron....estoy segura de que el futbol es el único deporte con el que podríamos habernos emocionado (gozado y sufrido) tanto, estando las tres solas.
Lo mío no son, nunca han sido y sospecho que nunca serán los juegos de pelota. Es probable que mi papá nunca logre hacerme entender el beisbol, ni seguir con él un partido completo. Pero sí ha logrado transmitirme su entusiasmo al punto de hacerme asociar el beisbol a algunos de mis propios temas favoritos, así que este es mi homenaje a su pasión beisbolera.

5 comentarios:

  1. Uuuuu... nomás que nos echemos una cascarita, y verás que serás taquera a tus tacos.

    ResponderEliminar
  2. Ay sí, ay sí....me creo mucho porque ahora soy harto conocedora de deportes :)
    Inténtalo, reina....dudo que triunfes donde mi papá ha fracasado!

    ResponderEliminar
  3. mmmm, pues no se, yo solo digo que cuando te llega te llega. A mi nunca me gusto jugar con cosas que vuelan como pelotas o freesbees. Igualmente pense que nunca nadaria. Pero que crees ahora soy una entusiasta jugadora del Badmington y el tenis de mesa ademas de que nado 500 metros de un solo tiron...tengo que admitir que lo ultimo que pienso intentar es el freesbe y el futbol pero ya no me atrevo a decir que nunca. NOTA: Si me gusta ir a mentar madres al estadio que sea donde se juegue lo que sea, jajaja

    ResponderEliminar
  4. Lo emocionante del juego de pelota prehispanico era que el que perdía.....perdia la cabeza. por eso eran muy concurridos . sinceramete como me gustaría un encuentro actual con las reglas del pasado.....¡entre algunos animales de nuestra fauna politica! pienso que ni el maracaná tendría espacio para tanto fanatico.

    ResponderEliminar
  5. Tío, este es un blog amante de la no violencia! Pero bueno, también es uno donde se respeta la libertad de expresión y tristemente, entiendo por qué lo dices....

    ResponderEliminar