viernes, 26 de diciembre de 2008

Gruzinski en un café de chinos

Duró sólo un momento. Por andar de madrugadora, me encontré haciendo tiempo en un café de chinos cuya principal atracción era la repetición de la segunda (y última) medalla de oro de México. Hasta hoy, Beijing 2008 sólo me había significado el tener a mi hermana del alma a un océano de distancia, sin apenas noticias en todo este mes. No sabía que estaba a punto de ofrecerme, también, la posibilidad de recordar el "Pensamiento mestizo" y lo parecidos que pueden verse un asentamiento remoto en la cuenca del Amazonas y un café americano en la avenida Revolución.
Supongo que la niña sería china (¿o mestiza?) al menos de cuarta generación, pues su abuelo entendía español, aunque no parecía feliz de hablarlo. Era bonita, como de 5 años y empezó a hablar con el papá en chino, pero luego dijo "lechuga, jamón y jitomate". Se sentó junto al abuelo y preguntó: "¿va ganando México?". Cuando se enteró de que sí, se rió y aplaudió ante la no muy complacida mirada del abuelo.
"Todos somos mestizos", decía don Lothar, y Jarabe de Palo, "en lo puro no hay futuro." Gruzinski lo elabora mucho más, y yo me quedo pensando en el comentario de mi maestra, el jueves: "tú eres la china entre nosotros."
Quizá uno de los puntos que menos entiendo de don Lorenzo es su insistencia (ya rebasada, para mi gusto) en el nacionalismo, pero no me puedo quitar la imagen de la niñita aplaudiendo sin que su familia la secunde. De pronto me acuerdo también del autor alemán de "Las calles de Puebla" y de mi permanente interés en enfatizar mi origen tabasqueño a pesar de que sé que tanto mi familia como yo estamos en algunas cosas más bien lejos de lo que la mayoría de la gente espera de los tabasqueños. Vuelvo a pensar en Gruzinski y entiendo mejor por qué, teniendo otras opciones, elegí estudiar una época llena de mezclas, patrias chicas y contradicciones.

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